Afloran los cursos de verano en distintas universidades. Sería interesante dotarles de alguna clave diferencial, más allá de que la gente viene en chanclas, que hace un calor tremendo y que como no funcione el aire acondicionado nos afixiamos.
No parece bastante diferenciador el simple hecho de comprimir los contenidos que se imparten en «invierno» , hacerlos más rápido o hacerlos más cortos. Ya que es verano y el clima invita a otra metodológía, a un encuentro más distendido, a la oportunidad de poder hablar con más soltura, con menos prisa … sería un valor integrar ese contexto en la propia clase.
Me gustaría que la gente, los participantes, «vistieran» mentalmente de otra manera, que, aunque metafóricamente, sacaramos las toallas, que incorporaramos otros espacios, otros contenidos, que cupieran vivencias de los alumnos/as, que trajeramos testimonios, debates de verdad.
Si hacemos lo de siempre, en los mismos sitios, con la misma gente, del mismo modo, ocurrirá lo de siempre, que no es que está mal, ni mucho menos, sino que perdemos la oportunidad de explorar algo distinto, quién sabe si hasta más fresco.