Cada ONG tiene sus fantasmas, que flotan por detrás de las puertas o en los rincones más polvoriento del desatendido centro documental. Hace unos años el fantasma que flotaba era el «ideario», una palabra mágica que pensabamos era el culmen, la esencia de nuestra labor: necesitábamos tener un «ideario» asociativo. Luego descubrimos que, al ponerlas por escrito, nuestras ideas no eran tan coincidentes y además nos retrataban …
Luego llegó una nueva corriente: había que tener «misión y visión», no conozco a más de tres equipos que sean capaces de explicar coherentemente la diferencia entre una y otra pero allá vamos, igualmente. Escribir la «misión» también nos puso en algunas dificultades, con lo fácil que era tenerla en la cabeza y no el la memoria insititucional…
El nuevo fantasma que nos recorre lo llamamos «calidad» , cielo santo, este nuevo espectro nos hace añorar a los de épocas anteriores, es voraz, enorme, todo lo quiere remover , o todo se nos remueve …
Mientras esto ocurre, procesos de institucionalización, racionalización y burocracia, mientras seguimos embarcados en entender la base de datos, que lleva más de dos años en proceso, y dejar de enviar dos y tres veces revistas, que tan caras nos salen, a destinatarios desconocidos, perdidos en estas burocracias, la savia social empieza a buscar otros canales de expresión, nos va desbordando por la derecha y por la izquierda, perdemos el cuño «alternativo» y la capacidad de convocatoria, al final resultó que los fantasmas eran telarañas, no sólo en el centro documental, sino en el hemisferio creativo de nuestros cerebros